Gracias mamá

Llaman a la puerta con golpes violentos.
Se podía escuchar asta el último cuarto de la casa.
Justo en ese lugar estaba la familia reunida.
Es el cuarto principal de la casa.
Ahí estaba Pati, sentada en una silla reclinable situada al lado izquierdo de la cama, estaba con el torso hacia el frente, apoyando los codos en sus rodillas y una mano en su boca.
Reflejaba mucha tención.
A su izquierda estaba don Pancho.
Un señor de gran sabiduría, aunque a primera vista parecía ser malo.
Sabía cómo comportarse ante situaciones así.
Estába apoyando su cuerpo en el gavetero de la habitación.
A la entrada estaba Tita.
Era la nuera de Lupe.
Que a su vez estaba frente a ella, dándole la espalda y al lado de la cama, frente a su madre ya moribunda!
De rodillas pidiendo perdón a su madre, por última vez.
Lupe sabía que había sido mala con la viejita.
Le sacaba canas verdes a doña Estela.
Doña Estela, una hermosa mujer de 76 años que daba todo lo mejor a sus hijos, nada material, pero era una mujer que se esforzó, y luchó como fiera ante la vida, era fuerte la doña.
Lupe despidiéndose de ella, recordaba las palabras aquellas que le decía a sus hijos.
No me lloren, no se sientan con remordimiento ni culpa, se que habrá tristeza cuando muera, pero yo en ese momento solo voy a sentir amor por todos ustedes!
Ahí estaban cinco personas, dos de ellas sus hijas, el cuñado de doña Estela, y la mujer de su nieto Bartolomeo.
Al escuchar los golpes en la puerta, se asustaron porque parecía que la querían derrumbar.
Bartolomeo salió corriendo, maldiciendo y con la sangre caliente.
Tal vez se justifica por la situación del momento. Que alguien toque a tu puerta así, estoy seguro que más de uno reaccionaria así.
Abrió la puerta de la casa y a punto de gritarle a quien fuera que estuviese tocando de esa manera tan escandalosa.
Pero se quedó impresionado cuando lo vio.
Edmundo, entró corriendo, empujándolo, él ya conocía la casa.
Había vivido ahí hace mucho tiempo, fue directamente a la recámara principal. Parándose frente a la puerta, inspiró profundamente cómo para agarrar fuerzas y entró.
Todos se sorprendieron al verlo entrar.
Edmundo entró con calma!
Sonriendo a todos, saludando y haciendo señas de no alborotarse, aún que eso era difícil.
Todos estaban asombrados y llorando, había sentimientos encontrados, confusión total!
Edmundo le pidió a su hermana Lupe que lo dejara saludar a su madre, ella lo abrazo y se apartó dándoles espacio, porque hacía veinticinco años no se veían.
La viejita abrió sus ojos llorosos le sonrió, cómo sonríe un bebé. Era el primer gesto que hacía después de mucho tiempo.
Luego volvió aquel rostro agonizante, parecía que lo estaba esperando, para verlo por última vez.
Edmundo se arrodilló y le dijo al oído.
Gracias mamita, la felicito por haber sido la mejor mamá del mundo, quiero que sepa, que lo hizo muy bien, nos educó y nos hizo personas de bien, nos va a hacer mucha falta, vamos a sufrir su ausencia pero vaya en paz, ya nos reuniremos en la otra vida. Y si pudiera pedir, volvería a pedirla cómo mi madre.
Doña Estela exhaló y no volvió a inhalar.
Edmundo se dio cuenta y con los ojos llorosos , serio y con la cara desencajada salió sin decir nada mientras los demás miraban la escena.
Tres pasos fuera de la habitación se echo a llorar amargamente, sollozos y suspiros de profunda tristeza salían del pecho de este hombre, al mismo tiempo que se daban cuenta que doña Estela ya había fallecido.

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