Amor del bueno

El día de ayer me fue asignado un trabajo en el que pasó algo peculiar.

Trabajo  en mudanza,  me encargo de proteger todas las pertenencias de las personas.

He visto y empacado de todo,  pocas cosas me sorprenden.

Una característica de este trabajo es que muy raras veces se cancela, no importa si llueve o se está bajo un ardiente sol, una mudanza que ya está programada se debe llevar a cabo.

La norma así lo confirma.

Pero el día de ayer fue diferente, una de esas pocas veces donde la excepción rompe la regla.

Conocimos a Bruce, un señor de 75 años que estaba acompañado de sus dos hijas y su nieta.

Le estaban ayudando a hacer los preparativos de la mudanza.

Bruce se notaba melancólico pero siempre nos daba una sonrisa cuando platicaba con alguien del equipo.

Una de sus hijas me comentó que habían ciertas pertenencias de su madre que Bruce no quería que fueran empacadas aún, el trabajo era de dos días y él  deseaba que las dejáramos para el segundo día , así que accedimos a su petición.

Cuando estaba empacando  en la cocina, le pregunté a Jane, la hija de Bruce si quería que se le empacaran las especias que tenía en la alacena, no es común que le pregunté esto a un cliente porque se me ha instruido que todas las pertenencias de un cliente son valiosas, aún cuando a mi me parezcan que no lo son, pero para mi excusa, la pregunta fue por qué el recipiente de las especies estaban muy sucias y viejas,   también estaban vencidas.

Ella lo  pensó dos veces, y mi pregunta al parecer había sido razonable, pero la respuesta no me la esperaba. Y  dijo con algo de tristeza.

Por favor empacalas, y añadió, sé que están viejas pero mi padre las quiere conservar porque fueron compradas por mi madre  hace 15 años , justo antes de morir.

Después de darle mi pésame, continúe con mi trabajo y comprendí porque Bruce había pedido dejar las pertenencias de su difunta esposa hasta el último minuto.

Me sentí triste, sentí empatía por él.

Pensé.

Ese sí es amor del bueno.

Terminamos la jornada de ese día y manejando de regreso a casa  pensaba en mi esposa.

Esque yo estoy profundamente enamorado de ella y no puedo imaginar que pasaría conmigo si algo llegara a pasarle.

Es increíble pero mi corazón se acongoja imaginar que no pueda llegar a cuidarla y protegerla así como se lo prometí.

No tendría vida sin ella, todo se quedaría a la mitad, la agonía sería continua, no quiero pensar en eso, me angustia la idea de perderla, no sería justo.

Porque teniendo la fortuna de encontrarla después de tanto tiempo de caminar solo en este árido desierto lleno de inseguridades, lleno de tanta indiferencia.

La vida, simplemente no tendría sentido.

Al día siguiente regresamos para terminar el trabajo, me presenté con Bárbara, la otra hija de Bruce, la noté abrumada.

Yo quería comenzar lo antes posible, pero por amabilidad  le pregunté si deseaba más tiempo para organizarse antes de comenzar la jornada de ese día y terminar el trabajo.

Justo salió Bruce y dijo, no!  Ya no me voy a ir.

Con los ojos llorosos y un nudo en la garganta me dijo que no podía irse de esa casa.

Toda la familia estaba con los sentimientos a flor de piel, Bárbara volvió a comentar sobre el deceso de su madre 15 años atrás y los 50 años de recuerdos que había en esa casa.

La pérdida de un ser amado es el periodo más difícil, que todo ser humano debe afrontar.

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