Misión a Marte

Cuando era un niño.
En una de esas charlas familiares alrededor de la chimenea, mi madre comentó; que una vez, se escuchó en el cielo un trueno tan
estrepitoso que el pueblo entero se escandalizó.

Todos hablaban de ello, se preguntaban que habría sido aquel
estruendo, pero nadie tenía la respuesta.

Estamos hablando que este suceso ocurrió aproximadamente en el año de 1986 más o menos.
La fecha nunca la pude confirmar, aunque al día siguiente que mi
madre nos contó la historia, hice mis investigaciónes pertinentes.

Pregunté a todas las personas mayores pero nunca tuve respuestas
concretas, nadie supo con certeza lo que habían escuchado.

Algunos incluso lo habían olvidado, hasta ese día que pregunte.
Lo realmente curioso fué que el escándalo no pasó desapercibido por
la gente del pueblo.

Años más tarde en 1995, en un programa de televisión veía un
documental en la que se conmemoraban nueve años de la tragedia del
Challenger, y me impactó.

No estoy seguro si ya sabía, antes de eso, que los astronautas
existían, pero a partir de ese día quise ser uno de ellos, nunca me
enfoqué en el peligro que se podría vivír, a pesar de estar viendo
una tragedia que había pasado nueve años antes, lo que sí sabía es,
que ellos eran unos héroes, unos pioneros.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y mi garganta se cerraba en un
trago lleno de sentimientos y orgullo, orgullo de la raza humana por llegar tan lejos.

Estudié la historia de los tripulantes, Leí la biografía de cada uno de aquellos que me habían inspirado desde ese momento y los tomé como referencia.
Me había prometido dar un paso más.
Continuar el legado de los siete tripulantes que habían entregado
sus vidas tan heroicamente.

Me dijeron que para ser astronauta tenía que estudiar mucho.
Desde ahí puse una milla extra en los estudios.
No me fue tan difícil la verdad.
No quiero presumir, pero es que para mí, estudiar se me hace fácil.
Me gustaría tener una mejor memoria.
Aunque aveces se me dificulta una misión siempre encuentro la
solución.

Me muevo a mi propio ritmo y eso aveces me trae dificultades pero mi perseverancia me hace llegar a la gloria máxima.
El camino al triunfo está lleno de tropiezos y peligros.

Al cumplir mi mayoría de edad tuve la gran fortuna de conocer al
sargento primero Dan Taylor de la fuerza aérea.

Fue de forma casual.
En esos años estaba trabajando en una compañía de taxis y fue uno de mis usuarios.
En su viaje en mi taxi entablamos una conversación y llamé mucho
su atención con los sueños que tenía, me dijo que era muy posible
que el ejército podía ayudarme.

Me entusiasmé tanto que al día siguiente fui y me enliste en la
fuerza aérea de los Estados unidos de Norte América.

Confieso que la parte física fue un tanto difícil porque si bien para la parte académica lo tenía dominado, en el área física no lo tenía tan fácil, a decir verdad era menos que mediocre.
Nadie me había dicho que el físico si importaba.
Pero luego de mucho trabajo había mejorado.
Logré mejorar mi desempeño.
Mi sargento tenía razón, el ejército me había dado más de lo que
le había pedido y no tenía idea de lo que se venía.

El ejército me había proveído de entrenamiento y muchas
oportunidades.

Soy un científico y piloto de la fuerza aérea de los Estados Unidos
de Norteamérica.

Lo mejor es que realmente disfrutaba de todo.
Una semana antes de mi cumpleaños 34 recibí la mejor noticia.
Había sido convocado por la NASA para unas pruebas físicas y ver
si calificaba para realizar misiones de exploración espacial.

Lloré tanto de felicidad al recibir la noticia.
Me había preparado toda la vida para este momento y estaba
satisfecho.

Aunque si pasaba las pruebas, estaba conciente que
cualquier cosa podría obstaculizar mi sueño de viajar al cosmos.

Sin embargo una corazonada me decía que no había de que preocuparse.

Me alegra decir que pasé las pruebas.
Físicas y académicas.
Y todas fueron muy difíciles, pero las superé

Después de eso, fue el entrenamiento. Fue muy difícil.
También me enseñaron cosas que no imaginaba que existían.
Tòmen en cuenta que soy científico, pero lo que hay aquí es superior a mi conocimiento,  tienen experiencia.

Mi instructor me dijo una vez lo siguiente:
Puedes conocer en teoría de cómo hacer fuego con dos pedazos de madera, pero si nunca lo has hecho, es como si no supieras.

La gente estaba emocionada por el suceso que se avecinaba.
Mi misión era muy importante.
Se asemejaba a las primeras exploraciones espaciales.
Supongo que tenía la misma sensación que los primeros exploradores.
Me sentía como los pioneros que se habrían camino en los inhóspitos territorios inexplorados de América a principios de nuestra historia.
Estaba conciente que estaba haciendo historia y que este pequeño paso, sería el más importante para la conservación de nuestra especie.
Estaba comprometido y quería hacer lo mejor posible.
Un mes antes de el viaje, conocí al resto de la tripulación.
Sería un viaje de cuatro personas y sería en aproximadamente cinco años, si todo salía bien.
Estábamos concientes que era un viaje solo de ida, pero ese era un riesgo qué estábamos orgullosos de correr.

El día cero había llegado, listos en nuestros puestos de control, esperando la cuenta regresiva.
No voy a negar que mi corazón se estaba acelerando, era víctima de la ansiedad del momento, y los médicos de la Torre de control se comenzaban a asustar.
Nosotros sabíamos que debíamos controlarnos, pero era muy difícil. Intentamos con los ejercicios de respiración pero no lo conseguíamos. Era como una ansiedad colectiva.
En el Centro Marshall de vuelos espaciales, estuvieron a punto de cancelar la misión.
Pero estábamos seguros de que podíamos hacerlo.
Esque de verdad , queríamos hacerlo.

Después de tanto debate se consumó
el despegue del Alcón plateado como parte de la misión  a marte, ahora pueden entender el porque de nuestra excesiva ansiedad. 

Salir de la atmósfera fue épico, porque sabía que esta misión no era como las demás , era diferente, estábamos haciendo historia.
Cinco horas después pasamos a la estación espacial por combustible y suministros que se habían enviado previamente, esto para ahorrar espacio en nuestra nave a la hora del despegue de la tierra.
Este era nuestro último oasis.
A setenta y ocho horas después del despegue estábamos en la órbita lunar que usaríamos para impulsarnos hacia nuestro destino final.
Aunque solo la orbitariamos un momento, eso era celestial, tan hermoso, somos una mota de polvo en el inmenso universo dijo una vez Carl Sagan, de esto no hay duda.

El viaje, pese a las dudas que todos tenían iba cómo lo planeado. Llevábamos más de dos meses en ese pequeño aparato.
Por momentos entrábamos en pánico al ver tanto espacio vacío, y cada vez te alejas más y más de tu tierra.
Es como un náufrago que va a la deriva y ve alejarse de la orilla sin poder regresar.
Por momentos era angustioso.
No quiero mencionar nombres pero algunos de mis compañeros llorábamos al ver nuestra canica azul alejarse de nosotros.
Los cuatro, ahí; tratando de ver por la ventana prometimos volver.

5,800 horas del despegue se planeaba una caminata espacial en concepto de mantenimiento de la nave.
Usaríamos el módulo para movernos alrededor de la nave y hacer los ajustes que se debían hacer.
Una de las misiones en la caminata espacial era ayudar a desplegar las antenas que serviría para poder mandar información a nuestra base en tierra con una mejor resolución, también ayudaría a impulsar la nave ya que esta era su tarea principal.
Era necesario aprovechar la energía solar al máximo en nuestra gloriosa aventura en las estrellas.
Lamentablemente y con tanta tecnología, se acordó que se tenía que hacer manualmente porque de esa forma se ahorraría espacio y peso en nuestro transporte.
Quince horas de trabajo después, las dos personas que habíamos salido del módulo espacial para hacer el mantenimiento y desplegar las antenas, estábamos anunciando que la misión había sido un éxito y procederíamos a acoplar nuevamente el módulo a la nave.
Porque para desplegar las antenas se había tenido que hacer una serie de maniobras, despegamos el módulo de carga de la cabina y la rotamos 90 grados.
Todo astronauta sabe que el acoplamiento es uno de los momentos con más tensión en una misión, pero estábamos muy bien entrenados y teníamos confianza en nuestro equipo.
Mi compañero no decía nada, pensé que era por la tension del momento y no tomé importancia ya que la misión iba bien, lo que sí me puso nervioso fue cuando anuncié el éxito de la misión desde afuera del módulo.
Todo estaba en silencio y no confirmaron por radio, aparentemente el equipo funcionaba bien y me desplacé por los andamios del módulo hacia la escotilla de entrada, mi compañero venía atrás de mí, al alcanzarme, tocó mi hombro .
Al ver su rostro me asustó mucho, le pregunté qué pasaba veía que sus labios y mandíbula se movían tan escandalosamente como cuando alguien grita de manera descontrolada, le hice un ademán para darle a entender que su radio estaba apagada porque no lo escuchaba.
A través del visor veía su rostro desencajado y juro que vi cambiar de color su rostro .
En ese momento señaló hacia un costado del módulo.
Lo primero que pensé fue que había alguna nave alienígena.
Mi piel ya sentía su presencia, se me erizó todo el cuerpo y mientras volteaba a ver dónde mi compañero me señalaba, nada en mi vida me había preparado para lo que verían mis ojos.
Al posar mis ojos donde señalaba, mi corazón no se podía contener , era como un potro indomable que se quería salir por mi pecho.
Estaba viendo como nuestra nave parecía derretirse en el espacio dejando una estela de si por muchas millas, como si fuera un hilo.
Mi compañero se hallaba flotando en el espacio, inconciente.
Estaba atado a la nave con la soga de seguridad.
Con mucho esfuerzo lo ate a mi traje y lo hale hasta estar a salvo dentro de la nave.

Dentro del módulo comencé a dar voces llamando a mis compañeros pero solo se acercó el piloto, él era el médico del grupo y comenzó a examinarlo.
Le pregunté por el comandante y me dió esa mirada, lo comprendí al instante.
Estabilizó a nuestro compañero y le dije lo que había visto, el comentó que también lo vieron, todo había comenzado un par de horas después que salimos del módulo para hacer la caminata espacial.

Me llevó donde estaba el comandante y era una escena inverosímil, estaba viendo el área donde el comandante estaba, yacía flotando y tras de él se veía el interior de el módulo como un túnel infinito que se encogía a la distancia, el comandante estaba en la misma condición que el módulo y su cuerpo estaba tan estirado que parecía un espagueti.
Se le puede ver de frente y pareciera solo estar flotando.
Pero si imaginas ver tu imagen frente a un espejo teniendo uno a tus espaldas , verás cómo se hace infinita, hasta que se pierde en una curvatura.
Solo así talvez tengas una idea de cómo se vé.
A pesar de estar a unos pies de distancia, parecía que había una enorme distancia entre él y nosotros, tenemos en cuenta que un módulo espacial no es precisamente grande.

Mientras observaba esa escena fascinante ya la vez tenebrosa el piloto me relató que el comandante advirtió lo que estaba pasando mientras nosotros hacíamos la caminata espacial, los censores comenzaron a fallar y la radio dejó de funcionar, esa era la razón por la cual no nos podíamos comunicar.
Abatido el comandante fue a traer algunas herramientas y comenzó a gritar despavorido, fue un grito seco y luego silencio, fuí hacia él y caí en cuenta que el fallo del equipo todo lo que pasaba era a causa de un agujero negro.
Explicaba que observando la trayectoria estábamos en el borde de el horizonte de eventos y según sus cálculos el agujero negro no debía ser más grande que un chícharo.  poniéndolo en otras palabra explicaba que era como si toda la masa de la tierra se concentrara en un solo punto tan comprimido y diminuto formando así este agujero negro.
Sé que es alucinante dijo, mientras yo estaba atónito por la noticia y conclusión.
Estamos concientes que no podemos escapar de esto.

No sé cuánto tiempo llevamos aquí, porque para nosotros han pasado 5818 horas desde que salimos de la tierra, pero estamos en el horizonte de eventos y aquí el espacio y tiempo están distorsionados .

Espero que nuestra aventura aporte un conocimiento más amplio de la astronomía.
Me comprometo a continuar con este reporte todo el tiempo que me sea posible.
Ojalá este mensaje logre escapar del horizonte de eventos y sepan que pasó con nuestra tripulación.

Aquí a 5819 horas de haber comenzado nuestro viaje con la misión de explorar Marte El segundo especialista de la misión a Marte Antonio S. y el piloto Alberto E.

Cambio y fuera.

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