servir y proteger

Estimado señor
Espero no importunarlo con esta carta.
Me preguntaron si quería confesarme antes de…
Usted sabe! Cumplir mi sentencia.
Les dije que no era religioso.
Pero me dijeron que si quería, podía escribirle a usted
Así que aprovecho para contarle la historia de mi vida.
Al menos la que le parece más pertinente.

No es para justificarme, si no más bien para desahogarme.
Recuerdo mi primer día en el cuerpo de policía como si fuera ayer.

Era un novato con muchas ganas de aprender y de hacer el mejor trabajo posible.
Hacer que la ley se cumpliera y servir a mi gente.
El pueblo de donde vengo.
Me sentí muy afortunado al ser asignado a la ciudad donde crecí.
Tenía pocos días en servicio cuando una llamada al nueve once reportó una emergencia.

No importa lo que digan.    Todo el entrenamiento que te dan si bien es uno de los mejores, el comportamiento humano cambia totalmente la ecuación.

Manejaba sobre la avenida Merlose, hacia el Este, Sobre el carril de la izquierda cuando el semáforo cambió al rojo.
Con las luces y sirena encendidas, me cambie al lado derecho de la calle cuando un peatón distraído se cruzó en mi camino.
Lo golpeé tan fuerte que pensé, no podría estar vivo.
Fue algo impactante para mí , y para muchos de los que estaban a su alrededor.
Salí corriendo de la patrulla medí su pulso, y ahí lo comprobé.

Estaba muy nervioso. Pedí apoyo por radio y en cuestión de minutos ya estaban varios compañeros.
Que va a pasar hoy?
En mis primeros días lastime a alguien y perdió la vida.
No podía creer mi maldita suerte.
Había estado entrenando tanto.
Fui el mejor de mi promoción, y… ¿para terminar así?
Llegó el sargento Magnamara y me preguntó lo
Que había pasado.
Le conté mi relato, mirándome y con su mano sobre mi hombro dijo
Que no me preocupara, que todo estará bien, me iban a ayudar.

Estaba sorprendido.

Sus palabras me dieron esperanzas.
Aún así sabía que mi carrera había terminado antes de empezar.
A los pocos minutos llegó el teniente Morrison
lo pusieron al tanto de la situación.
Habían cerrado las calles aledañas.
El tráfico era espantoso.
El tráfico vehicular es horrible en esta área pero con esto en particular era mucho peor.

Me sentía culpable por todo lo que estaba pasando, las lágrimas se asomaban por mis ojos y luchaba por no dejarlas salir.

El teniente me interrogaba y me recomendó que fuéramos a la jefatura para continuar. Accedí obviamente con la certeza de ser arrestado por lo sucedido.

Estaba desesperado pero también estaba conciente que debería pagar mi error.
Ya eran las 4 de la madrugada y aún estábamos en la jefatura, me sentía ansioso por lo que iba a pasar, esperaba que en cualquier momento me avisaran  de los cargos que me iban a imputar.

Se acercaron el sargento y el teniente.

-No te preocupes; dijo el teniente Morrison.
Lo interrumpí casi de inmediato para preguntarle qué es lo que iba a proceder.
respondió y dijo que nada.

Eres un buen elemento, tuviste mala suerte, Además no fue tu culpa, nosotros te cubriremos.

Quede tan consternado que no pude decir nada, todo daba vueltas en mi cabeza, había tantas preguntas en mí, pero no podía hacerlas, ni responderlas.
No podía hacerlas porque tenía miedo.
Soy un buen hombre y no debería ir a la cárcel por una muerte imprudencial del cual no me sentía culpable.

Me decía esto a mí mismo, tratando de justificarme.
Es cierto que todo esto me había puesto nervioso pero, yo no era el malo. Además tenía el deseo de servir a mi comunidad.
No quería, que por preguntar se arrepintieran de ayudarme.
Aún con las dudas y todo solo les agradecí y les dije que me dijeran cómo ayudar.
Ambos se vieron entre sí y dijeron , solo vete y descansa, entre más lejos estés de este caso mejor, nosotros lo arreglaremos.
Asentí y me aleje.
Así fue como entré a un mundo de corrupción. Estaba conciente que tarde o temprano tenía que pagar esa deuda.
La persona a la que había atropellado la desaparecieron y a los testigos no les hicieron seguimiento incluso los reportes fueron falsificados cambiando el nombre de la víctima. Cuando los familiares hicieron el reporte de desaparecido solo lo archivaron y no hicieron nada.

Se que está no es la razón de mi condena actual, pero si fue el detonante que comenzó todo, la bifurcación donde obviamente tomé el camino equivocado.
Pero sí es la razón por la cual le escribo.
Cómo dije al principio esta carta es un desahogo y también es para pedirle perdón porqué soy la persona que le arrebató a su hijo en ese accidente, el cual mis compañeros  hicieron desaparecer.

Voy a alzar la voz y descubriré la cloaca que hay en este sagrado cuerpo de policía y haré justicia.
Porque su hijo y mucha gente ha sido víctima de ese flagelo policial.

Yo Pagaré mi deuda, pero igual haré lo posible para que ellos también paguen lo que les corresponde.
Servir y proteger ante todo.

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