La cantina

Se levantó temprano como de costumbre para ir al trabajo,
Su esposa se levantó junto con él para prepararle café y aprovechar para darle una lista de compras que necesitában para el hogar.
Después de un par de horas en la carretera observó una tienda justo a la orilla de esta y pensó que sería un buen lugar para hacer sus compras al venir de regreso.
Siguió manejando un poco más; el lugar donde iba era retirado pero después de otras dos horas llegó.
Conoció al cliente y se presentó con la misma letanía de siempre: soy fulano de tal, vengo de la compañía Carro veloz y vengo a recoger un Chevelle del 1970 Fuel Injection Twin Turbo LS. 4 velocidades automáticas; en otras palabras esto es todo una joya.
Como se darán cuenta él es transportista de autos de colección.
Esta persona; el cliente en cuestión, vivía en una comunidad privada, era un híbrido entre lo moderno y rural, muy bonito por cierto pero no era conveniente para él porque al parecer tendría que sacar el auto por la parte posterior de la casa; le comentó el cliente que si bien era cierto que no debería sacar el auto por en frente de la casa, él había platicado con los otros residentes del lugar para que les permitieran sacar el auto por el frente y poder cargarlo sin daños.
Ustedes saben, cosas de comunidades de ricos, tienen que hacer todo pidiendo permiso para no ofender a nadie.
En fin, esto es muy conveniente para él porque no dañaría el vehículo; la condición del motor la describiría cómo desconocida en su inventario pero cualquier daño estético como la pintura; algún espejo o luz rota la tendría que pagar de su bolsillo si no era capaz de advertir cualquier daño antes de cargarlo.
Con el auto fuera de la casa y ya cargado se despidió del cliente haciéndolo firmar el papeleo; comenzó el viaje de regreso a casa.

Tal y como lo había planeado, llegó a la tienda que estaba a la orilla de la carretera, la que había visto anteriormente, se estacionó
Entró, comenzó a caminar de un lugar a otro en la tienda observando lo que tenían, preguntó por unos mangos, también para saber si tenían pepinos,
La muchacha que atendía era muy amable, estoy seguro que no tendría más de 20 años tal vez menos, tenía mucha vocación para la atención al cliente, mucha habilidad para con ellos, atendía a una pareja de ancianos sin desatenderlo, no sé como lo hacía pero era cómo hacer malabares con su atención y lo hacía muy bien.
Le dijo que tenía una gran variedad de frutas y se las mostraba mientras hacía una cordial conversación, no supo cómo pasó de una cosa a otra; qué fue lo que dijo o hizo pero ella le comentó que tenía más cosas buenas en la parte de atrás de la tienda, que si quería con gusto le mostraba, asintió con seguridad y entusiasmo, era obvio que tenía muchas ganas de comprar frutas o verduras, no siempre venía por estos lugares así que iba a aprovechar los especiales del pueblo que visitaba.
Ella le dijo que la siguiera; fueron atrás del establecimiento, sacó una llave del bolsillo trasero de su pantalón, abrió la puerta y entraron a un pasillo:
Fue ahí cuando comenzó a sentirse incómodo; ¿será que me quiere poner un cuatro esta mujer? -pensó:
Pero continuó, no se vería bien que le temiera a una mujer; la siguió con miedo de lo que pudiera pasar. Ella adelante lo llevó a un lugar con una cortina hecha de plástico semi transparente, podían verse siluetas que se movían al otro lado pero no se distinguía nada, le preguntó con una sonrisa nerviosa mientras ella movía el plástico para entrar, que si era un billar donde íban, ella se sonrió y le contestó que no; era algo mejor , cerrando su ojo derecho en tono de picardía sensual, entraron y se acercó una joven muy guapa que invitaba la diversión, él se reía aún más nervioso y le decía; no gracias.
Estaba aliviado que no era lo que el pensaba y le explicaba que estaba casado; amaba y respetaba a su esposa, era muy amable pero tenía que irse.
De pronto se acercó otra chica que trataba de hacerlo cambiar de opinión, con su sonrisa nerviosa le dijo lo mismo que a la anterior.
Perdieron interés en el rápidamente y lo dejaron a su suerte; era una especie de bar, cantina o restaurante; caminaba alrededor solo por curiosidad y se dió cuenta que había más gente del otro lado, eran conocidos del lugar, se notaba por el trato qué se les daba y en la forma que platicaban.
Estaba acercándose a la salida.
Cuando notó que esta parte del local estaba a unos 50 metros de la carretera donde originalmente estaba comprando, también estaba hacia abajo, en un desnivel.
Aún dentro del establecimiento, vió que alguien venía desde la carretera tambaleándose con las manos en el estómago, mientras se acercaba, podían verse hematomas en su cara; sangre en su boca y en toda su ropa, mientras caminaba hacia abajo en un camino improvisado de terracería que habían hecho para acceder a la cantina, movió una de sus manos para sacar un arma de su cintura y la sangre comenzó a salir con más presión, estaba impactado al verlo, nunca en 25 años había visto tanta sangre, el tipo comenzó a disparar donde estaban y se asustó, no tenía idea de lo que pasaba pero era muy peligroso, se ocultó detrás de unos pilares de la edificación pero se venía acercando y disparando, no estaba loco, más bien venía muy sereno buscando gente que conocía.
Mientras el gatillero se acercaba, él se protegia rodeando el pilar, y escuchando los disparos a diestra y siniestra, un par cayeron muy cerca de él, incluso algo retumbó en su oído, la impresión lo atarantó.
En esa maniobra en la que se trataba de proteger logró quedar afuera de la cantina, siguió caminando hacia la carretera sin querer perder de vista lo que pasaba.
El clima no estaba particularmente cálido ese día pero por lo que estaba sucediendo podía sentir su frente húmeda y se secaba el sudor pasando su brazo derecho por la frente limpiando sus ojos.
Las gentes de alrededor no lo conocían y lo miraban de una forma curiosa, un señor se le acercó y le preguntó si estaba bien, le respondió afirmativamente pero la presión se le había subido por lo sucedido, además de eso estaba bien, el señor quiso confirmar, le contestó; no se preocupe que solo era la impresión de la escena que estaba pasando, algo dudoso lo continuó observando, sin perder de vista al tirador.
Trataron de ver y escuchar lo que pasaba dentro de la cantina.
El hombre herido entro al lugar y dejó de disparar, todos estaban asustados, se acercó a una de las mesas que estaban en la esquina; cerca de un ventanal y de la salida, se paró al frente y apunto al hombre que estaba sentado, le dijo algo que se hizo difícil de escuchar, el tipo estaba muy débil y su vos no tenía potencia , de repente llega la muchacha que lo había llevado atrás de la tienda y comenzó a gritarle de lejos mientras corría hasta donde estaban los dos hombres, le gritaba que no disparara, se puso en medio de los dos, le sonreía cínicamente y le decía que no, soltó un grito diciendo: la Santa muerte; confieso que eso me dejó atónito, ¿de que se trata esto? Me pregunté.
Una vez más dijo: La señora; así a secas.
Él bajó el arma, se dio la vuelta y salió del lugar; así como entró, tambaleándose, así salió.
Ya cerca de donde él estaba se fue a la orilla del camino y se dejo Caer sobre una hoja de maguey, levantó el arma una vez más y la puso debajo de su quijada, pero no tenía fuerzas para sostenerla y la dejó caer sobre su pecho, todos a su alrededor veían la horripilante escena.
Con su mano en el arma, apoyada en su pecho, no podía hablar pero al verme dijo: “perdóname”; levantó el arma una vez más, la puso en su boca pero las fuerzas no eran suficientes ni para quitarse la vida, dejó caer el arma; agonizó y murió.
En ese momento entre comentarios de los que estaban ahí, confundido con lo que estaba pasando se limpiaba la sangre que había en su brazo, al parecer el sudor que limpiaba de su frente, era rojo, y cuando todo se iba oscureciendo podía verse en su rostro que se estaba dando cuenta de todo.
El par de balas que creyó escuchar caer muy cerca de él, que incluso lo habían aturdido, en realidad se habían alojado en su cabeza.

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