Un día a la vez

Siguiendo el esfuerzo enérgico para descubrir mis debilidades, haciendo un minucioso inventario moral para corregir esos errores.

 Recordé una de mis tantas borracheras que me gustaría compartir con ustedes.

Esto es con estrictas intenciones de  ayudar a otros con mi experiencia

Como parte de nuestra auto ayuda en estos pasos a la recuperación.

Siempre había sido renuente con esto.

Confirmaba que era solo por diversión y que siempre podía detenerme cuando quisiera.

Supongo que es así con todos los que tenemos esta enfermedad.

Este día en especial, por mi cumpleaños, estaba con mi tía.

Ella siempre me contaba historias de cómo me cuidaba cuando yo era un bebé, y hoy ya todo un hombre estaba feliz de poder compartir una cerveza con su “sobrino favorito”.

Eran las cuatro de la tarde y disfrutábamos una cerveza.

No era nada malo, pero una cerveza lleva a otra y esto terminaba en una borrachera.

Debo confesar que esto me trae conflicto porque a lo largo de este proceso he aprendido mucho.

Lo primero es que si alguien te ofrece algo que te hace daño no es tu amigo.

Mi tía no era mala pero también estaba enferma.

Me arrastrara o no,  confieso y acepto que también yo tenía ese problema.

Aunque decidí negarlo esa vez , hoy confieso que sí .

Lo advertí seis horas después cuando desperté en mi cama aún sin recordar bien lo que había pasado.

Mi madre se acercó a mí habitación para preguntar si estaba bien,  yo medio  borracho y medio dormido le dije que si.

Sin saber donde estaba ni saber quién me había preguntado.

Todo era surrealista.

Estaba como soñando, más bien estaba confundido.

Lo último que recordaba era estar con mi tía tomando una cerveza y luego despertar en mi casa, en mi cama, con la voz de mi madre preguntandome si me sentía bien.

No está de más decir que no pude seguir durmiendo.

A pesar de mi juventud entendía que eso no era nada bueno. 

Lo que tenía en ese momento era mi primera laguna mental gracias al alcohol.

Desde ese momento me prometí que no volvería a beber una gota de alcohol en mi vida, porque de seguir así las cosas empeorarían.

Pero esta es una enfermedad de la que no te curas.

No es una gripe que puedes medicar y ya.

Pasaron años,  pero solo un tras pie logró hacer que cayera nuevamente.

Y por eso estoy aquí.

Porque necesito ayuda y aún que ya llevo cinco años sobrio, sé que esto es un día a la vez.

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